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Tamerlán
se acercó a su lado con todo su cortejo: ministros, visires, gentilhombres,
artistas y dignatarios; entre ellos también estaba Mustasín,
un influyente cortesano, adulador sin freno, que siempre seguía
al rey como su sombra.
Al ver a Alí sumido en sus cavilaciones, Tamerlán, intrigado,
le preguntó:
"¿Qué es lo que estudias, Alí?"
"Un mate en dos jugadas, Señor."

"Eso
no parece muy complicado. Veamos..."
Y Tamerlán, en pie frente al tablero, comenzó a analizar
la posición; todos sus esfuerzos eran en vano.
" Ah...hum...vaya..."
Gruñía; pero no había nada que hacer; la solución
se le escapaba. Alí-Shatranyi callaba; también él
estaba enfrascado en las variantes. Mustasín empezaba a preocuparse
por la poco airosa situación de su rey; entonces se acercó
a Alí y le susurró al oído:
"Dime la solución y así yo se la podré sugerir
a mi rey."
Pero Alí-Shatranyi callaba, al tiempo que paseaba en redor de la
mesa con la cabeza gacha, sumido en meditaciones.
Tamerlán se vio al fin obligado a admitir, muy a su pesar, que
no sabía resolver el problema; condescendiente, reclamó
con impaciencia:
"Venga, veamos de una vez esa solución."
" 1.d8, trocando el peón en alfil, Señor, y las blancas
dan mate a la próxima tras 1...Rd4 2. Af6 mate."
Tamerlán quedó pasmado: jamás hubiera pensado en
esa promoción menor. Un brillo fue a posarse en sus ojos sagaces
y taimados.
"¡Ah - gritó exultante-, pero yo no sabía que
los peones iban en esa dirección; tú no me lo dijiste, Alí!"
Toda la corte, aliviada, asintió sonriente, y todos se volvieron
hacia el jugador; pero Alí-Shatranti, reflexivo y sereno, respondió:

"¿Quizá
su Majestad creía que los peones iban en esta otra dirección?
- al punto que giraba el tablero hacia la derecha.
" En este caso la solución es 1.d8 promocionado un caballo,
y las blancas dan mate a la siguiente jugada: 1...Rd5 2. Ac6 mate."
Tamerlán se agitó alrededor del tablero, verificó
la solución y rugió; al instante, muy irritado y con voz
seca y dura exclamó:
"Esa no era la dirección en la que yo había pensado."
"Entonces, tal vez vos creíais, Majestad, que los peones se
movían en esta dirección" - y giró de nuevo
el tablero 90º a la derecha.

"En
este caso -prosiguió Alí-, la solución es 1.g8, torre,
y mate seguido tras 1...Rd5 2.Td8 mate."
Tamerlán enmudeció de cólera y, pálido como
un muerto, escrutaba por turno el tablero y el rostro de Alí-Shatranyi,
quien inclinada la frente, continuaba analizando la posición.
Muy afectado por todo lo que estaba aconteciendo, Mustasín intervino
de súbito y girando de nuevo el tablero a la derecha
proclamó:
"¡No y mil veces no! Nuestro maravilloso rey, luz del Oriente
y miel de nuestra vida, pensaba con certeza que los peones marchaban en
esta cuarta y última dirección. ¡Tú, malvado
Alí, deberías haberlo precisado a tiempo!"
Alí-Shtranyi aún se habría podido salvar acogiéndose
a la tabla de salvación que Mustasín le acababa de tender,
admitiendo que no había planteado el enunciado con toda claridad.
Pero él estaba a lo suyo, comprobando la exactitud y trabazón
de las claves y, en esos momentos de intensas cavilaciones, no tenía
ojos ni cabeza para nada que no fuera su amado ajedrez. Y hete aquí
que él mismo fue a buscarse su perdición cuando vino a decir
con un murmullo:
"Pues en ese caso la solución es 1.f8 coronando dama, y una
vez más es mate a la segunda jugada: 1...Re5 2. Dc5 mate."
Tamerlán era reputado por su crueldad con los enemigos, pero también
por saber apreciar la inteligencia y las virtudes de los hombres; sin
embargo la humillación a la que se había visto sometido
delante de su corte había sido demasiado grave, y no podía
ser tolerada: pálido, con un rechinar de dientes, clavó
sus ojos en Alí.
Un silencio de muerte recorrió la asamblea: todo el mundo supo
entonces que algo grave iba ocurrir; todo el mundo ... salvo Alí,
quien seguía aún con los ojos puestos en el tablero.
El Rey Tamerlán, rígido, se irguió, desvió
su mirada de Alí y la dirigió lejos, más allá
del campamento, hacia el horizonte; por fin, tras un prolongado suspiro,
con un hilo de voz tremolante de cólera, mas también de
pesar, murmuró la sentencia:
"Cortadle la cabeza."
NOTA
AL PASO.
Quizá el curioso lector se haya percatado de que la última
posición es ilegal, es decir, no se puede llegar a ella con jugadas
que acaten el reglamento de ajedrez: en efecto, por culpa de los peones
"e2" y "g2" el alfil de rey no pudo salir y situarse
en "d1"; y ese alfil tampoco puede ser fruto de la promoción
de un peón, ya que están los ocho en el tablero. Este pequeño
desliz no empaña el fantástico tour de force de Alí-Shatranyi.
Pero si Mustasín lo hubiera notado, habría podido proclamar:
"¡Claro, mi rey no encontró la solución porque
la posición es falsa!". Y Tamerlán, al salir airoso
de la coyuntura, habría encontrado una excusa para perdonarle la
cabeza a Alí.
Qué pena.

Caballeros
del Ajedrez
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