Enrique Rodríguez Abreu
Enrique Rodríguez Abreu. Maestro Nacional FECAP. Cuba

ENTREVISTA CON CAPABLANCA
(Recuerdo de un Periodista)

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Por Oleg Riss

El gran ajedrecista cubano llego inesperadamente a Leningrado el 20 de Noviembre de 1925. Vino sólo por un día en el intervalo durante dos rondas del primer Torneo Internacional de Moscú.

Ahora es difícil qué alguien pueda explicar qué obligo al Campeón del Mundo a este arriesgado viaje que le costó la  siguiente derrota en el torneo. es posible que las emociones dominaran sobre el cuidado y el razonamiento tan característico en él. Lo más probable es que Capablanca sobreestimó sus fuerzas y cedió a las peticiones de algunos de los ajedrecistas leningradenses, deseosos de ver en su ciudad al Campeón del Mundo como había visto el año anterior a su antecesor Emanuel Lasker. ¿O puede ser  que él hubiera querido ver de nuevo la ciudad en la que 11 años atrás pasó algunos meses en calidad de funcionario del consulado cubano, y después, como participante del torneo de Petersburgo?

Sobre la decisión de Capablanca, tomada en el último momento, se tuvo noticia en el club de ajedrez de Leningrado. Hasta el encuentro con el Campeón quedaban unas horas. Era necesario preparar el salón para la simultánea y advertir por teléfono a los círculos ajedrecísticos de la ciudad. Se trasmitía una información muy escueta: “Mañana a las tres de la tarde Capablanca jugará en el salón (de Beethoven) de la Filarmónica. A usted se le han separado tantos billetes.” El autor de estas líneas se convirtió en poseedor de uno de estos billetes.

Por la mañana abrí los periódicos y no encontré la menor nota sobre este hecho. Era imposible pensar que en el lugar de la lucha ajedrecística no estuvieran ni el “jefe” de los reporteros leningradenses N. Olshansky, quien siempre se aparecía primero con un enorme aparato en un trípode, ni el experimentado y conocedor B. Demohinsky, excelente periodista, quien había publicado un tratado filosófico sobre el ajedrez titulado por el “La tragedia del pensamiento limpio”, ni el reportero de muchos periódicos leningradenses M. Dvinsky. Como se veía, “el bostezo”, común en el tablero. ¡También era posible en la práctica periodística!

En aquellos años, ya lejanos, la mitad de mi corazón pertenecía al ajedrez, y la otra mitad la prensa. Tomando parte en el círculo del club bajo la dirección de P.A. Romanovsky yo, al mismo tiempo, dedicaba todo mi tiempo libre la edición del periódico para los periodistas, “Enroque”. Me vino a la cabeza una idea genial: “ya que el soñado billete me da la posibilidad de ver al gran Capablanca, ¿por qué no obtener una entrevista para el periódico?

Aquel memorable día de otoño las puertas de la Filarmónica de Leningrado se abrieron muy temprano. En el centro de la Sala Pequeña estaban dispuestas en arco 3 decenas de mesas de ajedrez. Mucho antes de la llegada de Capablanca se sentaron en ellas los osados leningradenses de primera categoría. Sólo dos participantes eran la excepción el escolar de 14 años Misha Botvinnik y la única mujer entre los participantes, I. Tijomirova, representante de la Unión de Trabajadores artísticos. En aquel tiempo una mujer era una rareza y al parecer, con esta “jugada inesperada”, las organizaciones querían, sino cortar a Capablanca, por lo menos plantearle un problema.

A decir verdad, yo no sabia cómo hallaría el momento de dirigirme al Campeón del Mundo, qué preguntas hacerle, y lo principal, cómo Capablanca las entendería sin el traductor. Por eso yo, como todo periodista novato, esperaba que la buena Caissa me enviara un hada, que yo supiera por lo menos uno de los idiomas que entendía el rey del ajedrez. Y el hada buena se presentó en la persona del redactor de la “Hoja Ajedrecística” S.O. Vainshtein. ¡Qué felicidad! ¡Quién si no el antiguo presidente de la sociedad Ajedrecística de Petrogrado y uno de los organizadores del torneo de 1914, más que otro conocido de Capablanca! Pero cuando me dirigí a él y le conté mi idea.

Samuel Osipovich se encendió:

- ¡Se ha vuelto loco, joven! Ninguna entrevista. Usted no entiende que después de la simultánea Capablanca estará muy cansado y muy apurado para el tren. Y mirándome, dijo irónicamente en tono tranquilo: “No piense que además de usted no hay nadie en esta sala capaz de hacerle una entrevista al Campeón del Mundo… ¡Guarde su bloc de notas y no se atreva a acercarse a Capablanca a más de diez pasos!

Esta conversación fue interrumpida por una explosión de aplausos. Los reunidos saludaban la aparición de Capablanca.

Foto
José Raul Capablanca.

Acompañaba al Campeón en calidad de traductor el director del club de Ajedrez A. Shvarts, con quien viajaba su esposa, la conocida bailarina E. Liukom, la cual se había hecho famosa con su interpretación de la escena principal del ballet de Glier “La Amapola Roja”. Muy pequeña, muy elegante y fina, parecía como si se perdiera entre los hombres.

Cuando callaron los aplausos de la mesa cercana se elevó el profesor de la Universidad de Leningrado A.Smirnov. Cuántos idiomas él sabía se podían adivinar por la cantidad de traducciones que se publicaban bajo su redacción. El fue el primero que presentó a los lectores el libro de José Raúl Capablanca “Mi Carrera Ajedrecística” Aleksandr Aleksandrovich conocía al genial cubano desde 1914, cuando se lo encontró durante su trabajo como bibliotecario en la Sociedad de Ajedrez de Petersburgo. Y así, en el silencio de la sala sonó su voz “¡Campeón del Mundo”.

Capablanca oyó el largo discurso hecho en el idioma de su país con una expresión tranquila. Pero se veía que estaba emocionado. Le dijo algo a su acompañante y aquel tradujo: Capablanca agradece el saludo y pide comenzar el juego.

Habría falta no poco espacio para describir la dramática lucha entre el mejor ajedrecista del mundo y la flor de la guardia ajedrecística de Leningrado. No pasaron dos horas cuando estuvo claro que Capablanca, acostumbrado a vencer en torneos y simultaneas, encontraba una resistencia inesperada. Al principio pasaba seguro el arco de las mesas, pero después con más frecuencia y con más tiempo se detenía en una mesa o en otra.

Un año antes, después de su sensacional derrota frente a Ricardo Reti en el Torneo de Nueva Cork, se oyeron conversaciones de que en el juego del cubano habían aparecido “grietas”. En esta simultánea donde Capablanca perdió 4 partidas y entablo 8 las grietas fueron no pocas. y el imbatible y voluntarioso Capablanca tembló. Le dijo algo en ingles a Shvarts. Aquel asintió, y anuncio a media voz.

     -¡Capablanca pide hacer un receso de diez minutos!

Acompañado del traductor y dos o tres personas más el Campeón del Mundo abandonó la sala.

Los espectadores rodearon a los participantes de la simultánea y comenzaron a hablar anonadadamente, como si se recompensaran por el largo silencio. Cada uno proponía una variante. Entonces decidí que su majestad la casualidad me había enviado la única posibilidad de obtener de Capablanca, si no una entrevista completa, aunque fuera unas frases para nuestro gran periódico “Enroque”. Y temiendo encontrarme con Vainshtein, me acerqué con cuidado a la puerta tras la cual se oculto Capablanca.

El Campeón estaba cansadamente sentado en un sofá rojo. Ante él, en la mesa, había un vaso de té fuerte. Andrei Andreievich Shvarts se paseaba de un lado a otro de la habitación. Sorprendido por la llegada de una persona ajena, el “guardaespaldas”  del Campeón preguntó severamente:

     -¿Y qué hace usted aquí?

Un poco perdido, comencé a contar con calor qué magnifico era el periódico “Enroque” qué preciosos artículos escribían para él Romanovsky, Kubbel, Duz-Jotimirsky, y así, si el Campeón del Mundo está de acuerdo, entonces…

Virándose hacia la puerta, Capablanca escuchó este monologo. Llamó a Andrei Andreievich y le hizo una pregunta. Oyendo la explicación levantó las cejas, se sonrió sorprendido, y haciendo una rareza se mostró simpático y asequible. Incluso intentó la palabra “enroque” y se vio cuando ella sonó muy altamente.  

      -Bueno, amigo, su asunto está en el sombrero (N. del T. –Usted tiene buena suerte) dijo alegremente  Andrei Andreievich: -Déme su bloc…

     Casi sin pensarlo Capablanca escribió algunas líneas.

     -Parece que es hora de continuar la simultanea, dijo Andrei Andreievich, y junto con Capablanca, se dirigió a la puerta. A mi no me quedaba otra cosa que cerrar la procesión. Esta adición en la corte del rey del ajedrez no pasó inadvertida. Y si en las caras de los compañeros del círculo sólo se refleja la sorpresa, en la cara de Vainshtein casi leí mi pena de muerte. Cuando pasé a su lado, Samuel Osinovich me dijo con enfado:

     -¡Pichón! ¡Muchacho! ¿Cómo se atrevió usted?

     Me tomo por la manga, y ya más tranquilo, me pregunto:

     -¿Qué obtuvo de Capablanca?

     Leyendo la nota en el bloc, Samuel Osinovich me dictó ahí mismo la traducción.

Capablanca escribió que estaba contento de estar nuevamente en la ciudad que tan bien recordaba de sus años jóvenes, agradecía a los ajedrecistas de Leningrado por el caluroso recibimiento, y expresaba el deseo de que “el ajedrez obtuviera en el mundo la misma popularidad que tenia el fútbol en muchos países

Estas líneas fueron publicadas en el siguiente número de “Enroque”

El autor guardó cuidadosamente durante cerca de 20 años, y a mediados de 1944 lo regaló como muestra de agradecimiento a un compañero del frente, coleccionista de autógrafos.

MOSCU 1925

1 Bogoljubow, Efim 15.5  
2 Lasker, Emanuel 14.5 151.00
3 Capablanca, José Raúl 14.5 150.00
4 Gruenfeld, Ernst 13.5 136.50
5 Marshall, Frank James 13.5 133.75
6 Romanovsky, Peter Arsenievich 13.0  
7 Tartakower, Saviely 12.0 125.25
8 Torre Repetto, Carlos 12.0 123.50
9 Reti, Richard 11.5 122.75
10 Rubinstein, Akiba 11.5 112.50
11 Rabinovich, Ilya Leontievich 11.0  
12 Ilyin Zhenevsky, Alexander 10.5 108.75
13 Spielmann, Rudolf 10.5 107.75
14 Bohatirchuk, Fedor Parfenovich 10.0  
15 Levenfish, Grigory 9.5 99.75
16 Verlinsky, Boris 9.5 99.00
17 Saemisch, Fritz 9.0  
18 Yates, Frederick 8.5  
19 Gothilf, Solomon Borisovich 8.0  
20 Dus Chotimirsky, Fedor I 6.5  
21 Zubarev, Nikolay 5.5  

 

Por Oleg Roiss

MN Enrique Rodríguez Abreu

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