Presentados estudios científicos que cuestionan el sistema deportivo

“Quien comienza tirando los penaltis o jugando con blancas la primera partida tiene un 20% más de posibilidades de ganar”

Dos estudios científicos cuestionan el sistema que establece el orden en las tandas de penaltis y en las partidas de ajedrez

Bilbao, 14 de octubre de 2010. La Organización de la Final de Maestros del Grand Slam de Ajedrez -que se está jugando ya por tercer año consecutivo en Bilbao-, ha presentado dos estudios realizados por el Catedrático de Economía de la prestigiosa London School of Economics y doctor en Economía por la Universidad de Chicago, el bilbaíno Ignacio Palacios-Huerta. Estos estudios científicos, realizados alrededor del mundo del ajedrez y del fútbol, advierten de la “lotería” que supone el lanzamiento de una moneda para saber quien arranca con las piezas blancas un torneo de ajedrez o qué equipo comienza a tirar los penaltis en una tanda de desempate.

La manera tradicional de determinar el orden en una tanda de penaltis en fútbol o quien comenzará jugando la primera partida con blancas en ajedrez, es mediante el lanzamiento de una moneda. El que gana el sorteo tira primero o juega la primera partida con blancas. En el segundo penalti o en la segunda partida le toca el turno al contrario. Y así, sucesivamente, el orden se va alternando hasta que se tiran todos los penaltis o se juega el número de partidas que establece la competición.

La premisa existente en este sistema, que desde hace décadas está en vigor en todo tipo de competiciones deportivas en el mundo, es que la moneda es imparcial, que no favorece a ninguno de los competidores y que simplemente decide un orden en el que lo lógico es alternar las oportunidades.

Pues bien, este estudio científico cuestiona esta premisa. Si el orden se alterna, la moneda no da un 50% de posibilidades de ganar a cada jugador, a cada equipo, sino que estas posibilidades se reparten en un 60-40. En otras palabras, siempre que el orden se alterne, como viene haciéndose, la moneda sistemáticamente va a dar una ventaja de un 20% a quien inicie la tanda de penaltis o a quien juegue primero con blancas. Al menos en el fútbol y en el ajedrez, tal y como prueban estos estudios.

La razón es tan sutil como lógica y se encuentra en la psicología de los futbolistas y ajedrecistas compitiendo al máximo nivel. Comenzar tirando un penalti de una tanda de desempate o jugando con blancas en un torneo a varias partidas, da mayor oportunidad a uno de los contendientes de ir por delante en el marcador, y esto tiene unos efectos psicológicos tan considerables en el deportista, incluso en el deportista de élite, que le ayuda en su rendimiento de una manera fundamental.

Investigación y conclusiones

El bilbaíno Ignacio Palacios-Huerta, Catedrático de Economía en London School of Economics y doctor en Economía por la Universidad de Chicago (su tesis doctoral fue dirigida por el Premio Nobel Gary S. Becker), ha estudiado todas las tandas de penaltis en la historia de las principales competiciones de fútbol en el mundo a nivel de selecciones (Mundiales, Eurocopas, etc) y de equipos (Champions League, Copa de la UEFA, Copa Inglesa, Copa del Rey, etc). Para su sorpresa, “los resultados muestran que el equipo que comienza tirando en la tanda ganó en un 60% de las ocasiones y el que tiró segundo en un 40%. Uno esperaría que no hubiera ninguna diferencia o que en su caso fuera mínima. Al fin y al cabo siempre se suele hablar de la lotería de los penaltis, como si ésta fuera 50-50. Los penaltis no son una lotería, al menos no son una lotería 50-50 sino más bien una lotería 60-40 en la que uno de los dos tiene un 20% más de billetes, concretamente el que lanza primero. En otras palabras, el tirar una moneda y alternar el orden introduce un sesgo sistemático e injusto de un 20%. Esta diferencia es altísima y significa que además de los jugadores, la moneda también juega. El efecto es tan grande que el momento más determinante de una tanda ocurre antes de que ésta empiece: en el lanzamiento de la moneda.”

El estudio en el que se recoge este descubrimiento (escrito conjuntamente con el profesor José Apesteguía de la Universidad Pompeu Fabra) se titula “Psychological Pressure in Competitive Environments: Evidence from a Randomized Natural Experiment,” y será publicado el próximo mes de diciembre en la revista académica más prestigiosa que existe de investigación en Economía, la americana American Economic Review.

Tras estudiar las tandas de penaltis, el profesor Palacios-Huerta ha estudiado una situación similar en la que el orden se alterna y se determina por una moneda: el ajedrez, a través de la evaluación de miles de encuentros jugados a varias rondas. Si bien la situación es similar, hay razones que harían pensar que el efecto psicológico de la moneda y del orden alterno no debería existir:

1. Al contrario que un futbolista, los ajedrecistas están haciendo una actividad cognitiva o intelectual, y pensar es algo muy diferente a pegarle una patada a un balón.

2. Los sujetos juegan durante un largo periodo de tiempo (una partida puede llegar a durar 4 horas o más), mientras que un penalti dura sólo unos segundos.

3. En el ajedrez, se juega como mucho una partida al día y los jugadores tienen tiempo para descansar, calmarse, y junto con un equipo de asesores y entrenadores preparar la partida del día siguiente. De penalti a penalti pasan solo unos segundos sin apenas tiempo para que los efectos psicológicos de las emociones (el ir por delante o por detrás en el marcador) desaparezcan.

4. Al contrario que en los penaltis que se marcan en el 80% de las ocasiones, en el ajedrez las blancas ganan un 28% de las partidas, las negras un 17% y la mayoría (55%) son empates. Esto es, en la mayor parte de las ocasiones el jugador que juega con blancas en la segunda partida se encuentra con el partido empatado y por lo tanto la ventaja de jugar primero con blancas es mínima.

“Por estas razones, yo esperaba encontrar que el sorteo del orden mediante una moneda en el ajedrez no tendría ningún efecto. De hecho estaba convencido de que así sería” afirma Palacios-Huerta. En el estudio “Pawns of Emotions: Psychological Elements in Cognitively Sophisticated Humans” (escrito junto al profesor Julio González Díaz de la Universidad de Santiago de Compostela) se encuentra que el efecto es, de nuevo, 60-40: el jugador que comienza la primera partida con blancas tiene un 20% de ventaja sobre el que la moneda le asigna jugar en segundo lugar con blancas. Es más, “el efecto es mayor cuanto más similares en calidad son los jugadores, alcanzando hasta un 35% la diferencia a favor del jugador que juega la primera partida con blancas en Campeonatos del Mundo, y con jugadores de élite” añade Palacios-Huerta.

Los resultados de estos estudios podrían tener consecuencias para las reglas a usar en un futuro en competiciones deportivas en todo el mundo.

Solución

Pero, ¿qué hacer?, ¿existe algo más justo que lanzar una moneda y alternar el orden?

La respuesta, afortunadamente, es afirmativa. Pongámonos en la hipotética situación de una final de un Mundial España-Holanda que terminara en empate el tiempo reglamentario; España gana el sorteo y comienza tirando los penaltis. Si el comenzar tirando un penalti da una ventaja a uno de los dos equipos (normalmente se pone por delante), el segundo penalti tiene que ser tirado por el equipo contrario. Hasta aquí muy bien, se compensa la ventaja dando la vuelta al orden, tal y como establece el sistema actual.

Pero, ¿qué hacer con el tercero y el cuarto penalti?

El razonamiento a seguir es el mismo que en los dos primeros. Si el orden de los dos primeros penaltis da una ventaja para alguno de los dos equipos, esta ventaja debería de ser compensada dando de nuevo la vuelta al orden en el tercero y el cuarto. Esto es, los 4 primeros penaltis deberían de ser , en vez de España-Holanda-España-Holanda como en el sistema actual. ¿Y si estuviésemos equivocados y el orden no diera ninguna ventaja a ningún equipo? Entonces, dar la vuelta al orden no tendría ningún efecto. Esto es, dar la vuelta al orden en el 3er y 4º lanzamiento solo tiene beneficios positivos porque se minimiza cualquier posible ventaja psicológica que da el resultado de la moneda.

¿Qué hacer para los siguientes 4 penaltis, del 5º al 8º?

Pues lo mismo. El razonamiento a seguir siempre es el mismo. Los penaltis 5º al 8º deberían ser al revés que los cuatro primeros, esto es Holanda-España-España-Holanda. Y así sucesivamente: habría que dar la vuelta al orden cada 2 penaltis, luego cada 4, luego cada 8, etc. La solución de modificar el orden de esta manera minimiza el efecto que pueda tener la moneda.

Esta solución es aplicable igualmente al ajedrez y a quién debe jugar con blancas o negras en cada partida de un match.

Pero, ¿es factible? ¿Podría el público llegar a comprender el por qué de estos cambios de orden?
 
“Supongo que no. El asunto es que hay una solución factible que es muy fácil de implementar, y que el público comprendería inmediatamente: dar la vuelta sólo una vez al orden y luego repetir la secuencia. Esto es, hacer España-Holanda-Holanda-España (E H H E) en los cuatro primeros penaltis y luego repetirlo en los sucesivos penaltis de cuatro en cuatro: E H H E - E H H E - E H H E etc. Así resultaría una secuencia igual que la que tienen en tenis para servir en los tie-breaks: el primer jugador saca una vez y a partir de entonces cada jugador saca dos veces, en una secuencia como esta:   E H H E E H H E E H H ...”.

La Organización de Bilbao de la Final de Maestros del Grand Slam de Ajedrez va a  comunicar en las próximas semanas estos estudios sobre fútbol y ajedrez a los principales organismos que rigen ambos deportes en el Estado y a nivel internacional: la FIFA, la UEFA, y la Federación Española de Fútbol por una parte, y la FIDE, y las Federaciones Europea y Española de Ajedrez, así como a la propia Asociación del Grand Slam a la que pertenece Bilbao. Se instará a estas instituciones a que evalúen la evidencia empírica recogida en estos estudios y se les propondrá que se implemente el sistema que existe actualmente en el tenis con el fin de organizar el orden de una manera óptima y equitativa.