Frank Mayer
Por Frank Mayer – revisado por Salvador Aldeguer

Rudolf Spielmann (1883 – 1942)
Una tentativa de acercamiento

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1ª Parte

Rudolf Spielmann
Rudolf Spielmann. Foto © Michael Ehn

1. Entre bastidores

Unos contemporáneos conocidos le llamaron “El caballero de honor de la orden del gambito del rey” y el “último romántico”; apodado “el amo del ataque” fue la esencia del jugador de ataque y un táctico pronto a cualquier sacrificio, cuya fama pervive todavía a días de hoy.

En sus primeros años (1903-1928), Rudolf Spielmann prefirió el gambito del rey, pero también practicó la partida vienesa y el juego con los alfiles. A pesar de sus variables resultados, siempre fue considerado un participante bien visto a los ojos de los organizadores y de los espectadores en todos los torneos – siempre se podían esperar partidas espectaculares, mucho menos frecuente fue abonarle honorarios.

Por supuesto, su fama estaba cimentada gracias a una serie de victorias brillantes de sacrificio y de ataques.

Mediante la frase: “Con el ataque empieza el juego” llevó su credo a una fórmula comprimida. En su obra principal “¡Sacrificar correctamente!” (Leizpig 1935), por primera vez se investigó los distintos tipos de sacrificio: preferentemente según sus funciones y su objetivo no por su ‘espesor’:

¿Pero se agota con esto la importancia de Spielmann para el juego del ajedrez del siglo XX?

Libro
El arte del sacrificio en ajedrez. 1935

La reducción al romanticismo y la etiqueta como ‘rey del sacrificio’, que a él mismo no le agradó nunca , es una forma bastante unilateral y simplificada. Si analizamos un mayor numero de partidas, se presenta entre bastidores como un multifacético jugador de nivel mundial, que dominó todo el arsenal de su época.

Libro
Foto: chesscafe

Spielmann entendió perfectamente como enriquecer y profundizar las aperturas en muchos puntos, supo tratar los finales excelentemente y aportar a las partidas, grandes líneas estratégicas (vean p.e. su victoria contra Capablanca en Karlsbad 1929).

Carlsbad 1929
Carlsbad 1929. Foto Cortesía Arqto. Roberto Pagura, Buenos Aires

Es muy significativo, que los representantes del ajedrez soviético siempre hablaron de él con gran respeto.

Para Alexej Suetin, Spielmann era como el representante temprano de un estilo moderno y dinámico: “Un gambito no es otra cosa que una forma de dos filos de la estrategia dinámica. En los tiempos de la escuela posicional, Spielmann perteneció a los pocos defensores del estilo dinámico del juego.”

2. Carrera de baquetas o si la fortuna fanfarronea

Spielmann se enfrentó siempre eligiendo una sobriedad increíble en su profesión y sus motivos:

“En un principió ejerció de comerciante, pero visto, que en aquel oficio no podía progresar adecuadamente poco a poco se fue aficionando al ajedrez, en el se le auguraba un porvenir más exitoso.

Después de que mi profesión anterior no me ha dado ninguna satisfacción, me atrajo el ajedrez, dado que me prometía resultados más favorable (entiéndase como “resultados favorables” la derrota de mis adversarios) y con esto una auténtica satisfacción.

La lucha me ató al juego del ajedrez. Las finuras no me interesaron tanto y solamente fueron para mi un medio para conseguir el objetivo, e.d. la victoria de la partida.” (Spielmann: Wiener Schachzeitung 1926, pág. 165)

Su anterior admiración por los románticos (especialmente por Tchigorin) se trasladó con el tiempo a Lasker, al cual admiró sobre todo por su fuerza de juego durante toda una época y por razones de su carácter de lucha y al mismo tiempo por ejercer una economía pensativa simultánea “sin exceder la medida en mil y una cosa”.

FotoIncluso, se mezcló un poco de envidia en esta admiración sin límites, ya que él mismo fue cabalgado con frecuencia por sus gambitos y otros diablos:

Spielmann era “un verdadero niño vienés”, bondadoso, necesitado de calma y le encantó refunfuñar en el dialecto vienés, “un vago gordo, que dio preferencia a una buena comida y sabrosa cerveza antes que cualquier otra actividad,” un tipo de hombre dedicado solo al ajedrez, un caballero extraordinariamente modesto y frente a las mujeres muy tímido, además fatalista y supersticioso.

Las euforias se convirtieron rápidamente en depresiones:

“Como es sabido, durante el torneo soy un hombre de sentimientos y muy – lamentablemente demasiado pendiente del ambiente exterior. Si se quiere saber, si me encuentro bien, gratamente alojado, si hace buen tiempo, si en las cercanías de la sala del torneo se encuentran montañas bonitas, plazas apacibles y bosques de abetos aromáticos, solamente hay que echar un vistazo a la lista de la clasificación.” (Spielmann: Magyar Sakkvilag 1934, pág. 236f)

Después de la primera guerra mundial, se produjo un cambio radical irreversible de un joven delgado con mucho pelo a un “tío Rudi”, prematuramente envejecido, de poca estatura, redondo, calvo y con una mirada extrañamente fanática que se sentaba frente a sus adversarios.

Foto
Rudolf Spielmann Foto: chessbase

La movilidad de un profesional viajante del ajedrez, a pesar de ser forzado, es notable: 120 torneos, 50 encuentros a dos y más de 1.800 partidas serias cuenta la estadística, y esto, sin haber jugado durante los años 1915 a 1918.

Ya no son para contar las exhibiciones de simultáneas, que principalmente dio en Austria, Alemania, Holanda y Suecia, y las partidas libres, que le llevaron por todo Europa.

Se le describe como un hombre muy poco realista, apolítico, sin interés por la religión, poco hábil, extraño, sin grandes ambiciones intelectuales y sin erotismo: “Los hombres más feos, siempre consiguen las mujeres más guapas, los jugadores que atacan ferozmente – las posiciones más desiertas”, así exclamó en suspiros en cierta ocasión.

Como “carrera de baquetas” designó su encuentro con Vera Menchik en Carlsbad 1929, al mismo tiempo fue todo un símbolo de como tratar a las mujeres.

Igualmente estaba convencido, que a la musa (femenina) del ajedrez, Caissa:

Caissa
Caissa. Foto: chess-theory

le resultaba antipático:

“Se habla de la suerte y de la mala suerte.

Cada maestro experimentado está acostumbrado al gobierno del poder superior e incalculable y sabe, que sería en vano alzarse contra el mismo. Por eso la indiferencia artificial, con la cual se aceptan algunas derrotas de mucho peso.

Caissa no solamente es caprichosa, sino también graciosa y esto es grave.

Ella sonríe amablemente y en realidad es inaccesible, está haciendo señas prometedoras y seduce a sus prosélitos para que no se desvíen del sendero seguro de tablas a un zarzal de variantes, del cual ya no hay escape con el tiempo disponible.

(....) Pero el destino, en letras, se ha burlado de mi.” (Spielamnn: Das deutsche Schach 1931, Nº 46, páginas 1465-1467)

Como prisionero de este fatalismo extraño, el mismo enturbió y redujo sus rendimientos más logrados.

De esta manera escribe sobre una de sus mejores partidas contra Hönlinger:

“No quiero atribuírmelo como uno mérito extraordinario, si no el acierto de este tipo de ataques depende mucho de la casualidad.”

Sigue en la 2 parte

Fuente literaria: Michael Ehn

Por Frank Mayer – revisado por Salvador Aldeguer
Barcelona, agosto de 2007
Retoques y Maquetación: Antón Busto

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